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lunes, 25 de marzo de 2013

¡Chinetes!

Hola Supervivientes, hoy voy a hablaros sobre ese pueblo milenario que siempre me ha fascinado: Los chinos. Esa gente que construyó una muralla que rodea medio país y que es capaz de abrir una tienda de alimentación 25 horas al día.

Y es que hay cosas de la comunidad china que me dejan tó roto. Comen con palillos, tío, no han necesitado inventar 3 tipos diferentes de cubiertos para comer (incluso más, si nos ponemos pitiminosos). Dos putos palos de madera, y ale, a comer. Y la carne que la corte el cocinero, que soy chinete y no puedo malgastar mi tiempo partiendo el filete. Yo me he sentado en la mesa a comer, no a descuartizar.

El chinete es un todoterreno. Lo mismo te monta un todo a 1 €, que te coge un bar típico español y te sirve unas bravas y una ración de oreja. Incluso también te mete comida china. Eso es cocina fusión y no las moñigas en planto grande que te pone Ferrán Adriá y compañía.

También está su idioma, ¿que me dices de su idioma? Un porrón de caracteres diferentes. No quiero ni pensar como serán sus cuadernillos de caligrafía Rubio. Como el Quijote de gruesos. Y lo mismo te vale para escribir la lista de la compra, que para que un occidental que va de guay se lo tatúe en el gemelo. "Me han dicho que es mi nombre", pero puede poner "soy más feo que un pie" y ni te enterarías.

No te quepa duda, estimado lector, que dentro de 10 años, 4 de cada 10 españoles tendremos un jefe chino. Entonces serán ellos los que harán bromitas sobre los españoles que se tiran trabajando 20 horas al día.

No puedo acabar este post, sin meter este vídeo, que lo dice todo.



viernes, 2 de noviembre de 2012

Se acabó la fiesta

Siempre es bueno tener un tema del que hablar en tu blog, pero... este no es el caso. El post de hoy está relacionado con el incidente de la madrugada del 31 durante una fiesta de Halloween en el Madrid Arena. Si vives debajo de una piedra y no te has enterado de la tragedia, aquí tienes la noticia. Parece que el desencadenante fue el encendido de un artículo pirotécnico que provocó una avalancha en la que murieron 3 jóvenes. Aunque ese fue el desencadenante, seguramente hay otras consecuencias indirectas, pero no por ello menos importantes, que influyeron en este desafortunado accidente.

Exacto. Os hablo de la sobreventa de entradas, algo muy de moda en las discotecas/fiestas españolas, y más concretamente las madrileñas, que son las que lo he vivido yo. La cantidad de entradas que se ponen a la venta va en función de un concepto que siempre me ha parecido muy abstracto: el aforo máximo.

Aforo máximo, cantidad límite de personas pero ¿en que condiciones? ¿Teniendo un metro cuadrado de espacio a tu alrededor? ¿Medio metro? ¿Lo justo para estar cerca y poder arrimar cebolleta sin que se considere un acto de depravación?

No me gusta dar nombres, pero ilustraré mi opinión con un ejemplo una sala a la que solía ir bastante: Fabrik. Según sus datos, tiene un aforo de unas 12.000 personas. En fiestas multitudinarias es increíble la de gente que se puede congregar ahí, que se resume en movilidad basada en empujones para llegar de la barra a la pista. Esto creo se produce porque probablemente esos 12.000 de aforo sean contando la terraza exterior, pero claro, en pleno invierno a ver quien es el valiente que se queda toda la noche al aire libre. Eso, amigos, también es sobrevender.

Otro arma de doble filo es el gran invento de "las listas gratis sin límite", en las que te dan de plazo hasta cierta hora (las 2:00 normalmente) en la que diciendo que estas en la lista de Fulanito, entras gratis. Pero...  ¿cuanto es el máximo de personas en una lista? ¡Qué más da! ¡Yo te apunto y pasas gratis! (la palabra gratis resuena en tu cabeza... gratis, gratis...atis...atis).

Esto me ocurrió hace tiempo en La Riviera (soy un chivato), con la famosa "lista de Fulanito". Al llegar lo que nos encontramos fue una manada de gente agolpada a la entrada de la discoteca a los que habían vendido la moto como a nosotros. Eso, unido a que se acercaba la hora límite, y que había dos o tres gorilas para controlar a varios cientos de personas, dió como resultado largo minutos de jóvenes como sardinas en lata entre la puerta, las vallas y la rivera del Manzanares. No he vuelto a ir desde ese día, y mucho menos me he vuelto a fiar de los que te ofrecen esas "listas exclusivas". Esto, también es sobrevender.

Moraleja: sobreventa + gilipollas con petardo/bengala = tragedia.


lunes, 1 de octubre de 2012

Vecinos

Vecinos, ese gran desconocido. Esas personas que conviven cerca de ti, a los que conoces desde hace tiempo, pero a los que no sabes si saludar o no, y donde hacerlo o donde no. Porque el caso es que no hay nada escrito sobre este tema. No hay un protocolo a seguir.

La situaciones que pueden producirse con un vecino son muy variadas, pero pueden resumirse en dos: cuando te encuentras a un vecino en el portal/rellano y cuando te lo encuentras por la calle.

Si te lo encuentras en tu portal, lo lógico y lo que tu mamá te enseñó, es que hay que ser educado y saludar. O bien esperar a que te salude él y devolverle el saludo. Ante la primera opción puede haber respuesta a tu "hola", puede no haberla, o puede que hagan el zafio intento de saludo que se queda en un "...la". Si esperas a la segunda opción, generalmente se produce una situación incómoda si el vecino está esperando lo mismo por tu parte.

Pero... ¿y si estás fuera del portal? ¿cuál es la distancia máxima a la que es obligatorio saludar? Porque si te pilla justo saliendo por la puerta de la calle, sí, pero ¿y si te pilla a, pongamos, unos 50 metros?¿y a 20? Es una de las grandes preguntas que el ser humano lleva haciéndose desde el principio de los tiempos. Seguro que alguna vez te has encontrado a un vecino, fuera de su hábitat vecinal habitual, y no has sabido si saludarle o no, o incluso te has hecho el sueco mirando al móvil para disimular.

Sin embargo hay un comportamiento más inquietante aún en este aspecto. Cuando estás en el portal, te cruzas a un completo desconocido y... ¡le saludas! No me dirás que no lo has hecho nunca. Me pregunto que tienen los portales vecinales que, por el simple hecho de estar en su interior, te hace saludar a cualquiera, a pesar de que no tienes ni idea de quien puede ser. A esta persona nunca la saludarías por la calle, pero en el portal ya... la cosa cambia Ya puede tratarse de un asesino, un violador o pero aún, uno del Círculo de Lectores, que tu vas y le brindas un generoso "hola".

El comportamiento humano, todo un misterio...

lunes, 10 de septiembre de 2012

Trucos para el día a día

Supervivientes, en el post de hoy os daré algunos sencillos consejos y trucos para aplicar en vuestro día a día. Pequeños detalles que os resultarán útiles.


1) Medir con las manos.

Algo tan sencillo como medir la distancia entre el pulgar y el meñique y memorizarla. De esta manera tendrás una referencia para medir cualquier dimensión. También puedes memorizar las distancias ente el pulgar y el resto de los dedos para tener más precisión.

2) La bebida primero

Cuando vayas a un bar a tomarte algo y te apetezcan unas raciones, siempre pide la bebida primero y espera a que te la traigan con su correspondiente tapa. Después de esto, pide las raciones.
Si lo pides todo a la vez, el camarero suprimirá la tapa (gratis), ya que has pedido (y pagado) las raciones.

3) Tu canción favorita, siempre.

Por lo general, no es buena idea poner tu canción favorita como melodía de alarma para despertarte por las mañanas. Siempre que la escuches te recordará a los madrugones y terminarás cogiéndola manía. Evítalo.

4)  Evita la barca.

Si vuelves de fiesta, te has pasado con "las copitas" y al tumbarte en la cama notas como si estuvieses encima de una barca, echa el ancla, es decir, saca un pie de la cama y apoyalo en el suelo. De esta manera el cerebro tendrá un punto de referencia y recobrará la sensación de equilibrio.
Si tu cama es demasiado alta o tú demasiado pequeño, también funciona apoyar la mano en la mesilla de noche o en la pared.

 5)  Hervir sin desbordar.

Cuando tengas una olla en el fuego hirviendo agua, pon una cuchara de madera apoyada en los bordes de la olla "cubriendo" su diámetro, para evitar que se desborde el agua.

6) El peso justo.

Cuando vayas al supermercado y compres al peso en las básculas "autoservicio", apoya la bolsa en la báscula y levantala ligeramente. De esta manera detectará menos peso y, por tanto, menos precio.
Evidentemente hay que usar esta técnica con picardía, si llevas una bolsa tan grande como tu cabeza y en la etiqueta marca 100 gramos, no cuela. No te cantees.